ESCALADA

La relación entre Rusia y Occidente se encuentra en su momento más tenso de las últimas décadas después de que Rusia haya iniciado una invasión en Ucrania. El presidente ruso, Vladímir Putin, emitió durante la madrugada del jueves, 24 de febrero, un mensaje televisivo en el que declaraba de facto la guerra al país del este de Europa. Algo que venía anunciándose desde hace algunas semanas por los medios estadounidenses.

La tensión aumentó el pasado martes, cuando Rusia reconoció la independencia de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, situadas en la zona conocida como el Donbass, hasta ahora en Ucrania.

Es precisamente la zona del Donbass, una de las claves del conflicto. Allí hay una guerra civil latente con enfrentamientos permanentes entre ucranianos y prorrusos, que conviven de manera bastante tensa. Tras el anuncio de Putin de reconocer la independencia llegó una respuesta automática de Biden que dijo que firmará “pronto” sanciones económicas contra Rusia como represalia. 

También la Unión Europea anunció multas a Rusia por su declaración sobre Lugansk y Donetsk. 

El inicio de todo tiene su origen hace más de 30 años, cuando en 1991 se disuelve la Unión Soviética y sus territorios se convierten en repúblicas independientes. Una posición reforzada de Ucrania con la OTAN implica la pérdida directa de la influencia de Rusia sobre este país. También ocurre al contrario, un triunfo para Rusia es una pequeña derrota para la Unión Europea. La OTAN, mientras tanto, no ha acogido a Ucrania para ser uno más de los aliados, algo a lo que el país aspira y que desde Moscú no se ve con buenos ojos. En 2014 esta rivalidad va un paso más allá con las protestas en las calles de Kyev de miles de ucranianos proeuropeos en contra del presidente Víctor Yanukóvich, más afín a las ideas del Kremlin. Unos enfrentamientos que acabaron con la huida de Yanukóvich.

En ese momento Vladimir Putin aprovechó para invadir Crimea, en el sur de Ucrania. Una zona estratégica, pues es la salida de Rusia al Mar Negro. Perdido tras la Segunda Guerra Mundial, el objetivo siempre fue recuperarlo. Esta invasión ha generado, desde entonces, protestas y sanciones económicas contra Rusia, además de peticiones para devolver dicho territorio: Putin asegura que nunca lo hará.

Como se ha mencionado anteriormente, también entra en la ecuación la zona del Donbass, Lugansk y Donetsk, dos puntos calientes a los que Putin apunta ahora el foco con esta declaración de reconocimiento de su independencia de Ucrania.

La “operación militar especial” que desplegó Rusia en Ucrania marca una nueva etapa en el conflicto entre estos dos países, así como la relación entre Moscú y las potencias occidentales.

El presidente ruso, Vladimir Putin, justificó los ataques asegurando que busca proteger del ejército ucraniano a las regiones separatistas en el este del país, y advirtió con consecuencias “inmediatas” si alguien intenta enfrentarse a Rusia.

El mandatario de Ucrania, Volodymyr Zelensky, denunció ataques con misiles de crucero desde territorio ruso y anunció la ruptura de las relaciones diplomáticas con el gobierno de Putin.

La Unión Europea describió la situación como “uno de los momentos más oscuros en Europa desde la Segunda Guerra Mundial” y prometió sanciones “masivas” contra Rusia.

“Necesito municiones, no un viaje”, dijo el viernes el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky rechazando la oferta de ayuda de Estados Unidos para evacuarlo de Ucrania.

Y su pedido fue aparentemente escuchado por la comunidad internacional.

Mientras continúa la invasión rusa a Ucrania que comenzó el pasado 24 de febrero, varios países prometieron apoyo enviando armamento al país, una medida que no tiene precedentes.

¿Quiénes decidieron enviar ayuda? ¿Cuánto prometieron mandar? Y ¿por qué Alemania cambió de postura? Este sábado, Estados Unidos, Alemania, Australia y los Países Bajos anunciaron envíos de armas para contribuir al esfuerzo bélico de Ucrania contra Rusia.

El Departamento de Estado de EE.UU. se comprometió a despachar unos US$350 millones en armas, incluidos misiles antitanque Javelin, sistemas antiaéreos y chalecos antibalas. Por su parte, el gobierno alemán dijo que suministraría a Ucrania con 1,000 lanzagranadas antitanque y 500 misiles Stinger en caso de emergencia.

Países Bajos anunció el despliegue de 50 armas antitanque Panzerfaust-3 y 400 cohetes.

Los dos últimos países están considerando enviar un sistema de defensa aérea conjunto Patriot a un grupo de batalla de la OTAN en Eslovaquia.

Suecia, caracterizada por su habitual rol de país neutral y mediador en los conflictos, también anunció este domingo que enviará ayuda militar a Ucrania, la primera vez que hace algo así desde 1939 cuando la Unión Soviética invadió Finlandia. El despacho incluirá 5,000 cascos, 5,000 chalecos antibalas y 5,000 armas antitanque, además de 135,000 raciones de alimentos para los soldados, indicó la primera ministra, Magdalena Andersson.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció el domingo que la UE, por primera vez en su historia, “financiará la compra y entrega de armas y otros equipos a un país bajo ataque”.

En tanto, la OTAN comenzó a desplegar más fuerzas en Europa del Este “para responder rápidamente a cualquier contingencia”.

Por último, Australia anunció el domingo que financiará el suministro de armas letales a Ucrania para ayudarla a luchar contra las fuerzas rusas. Pero no ofreció más detalles sobre esa asistencia.

El anuncio de Alemania de enviar armas a Ucrania en un cambio histórico en su política de ayuda militar. Hasta el sábado, Alemania tenía una práctica de larga data de bloquear el envío de armas letales a las zonas de conflicto. El canciller de Alemania, Olaf Scholz, dijo el sábado que la invasión rusa a Ucrania marcó un punto de inflexión.

“La agresión rusa contra Ucrania marca un cambio de era. Amenaza todo nuestro orden de posguerra. En esta situación, es nuestra obligación apoyar a Ucrania en la medida de nuestras posibilidades en la defensa contra el ejército invasor de Vladímir Putin”, declaro el canciller, Olaf Scholz.

El gobierno de coalición de tres partidos de Alemania, compuesto por socialistas, liberales y verdes, enfrentó desafíos para formular una respuesta coherente a la invasión de Ucrania por parte de Rusia.

Pero aquellas figuras públicas que en el pasado expresaron simpatía por Moscú se han quedado calladas o han dicho que estaban equivocadas.

Mientras tanto, los alemanes se sorprendieron por las acciones del presidente ruso Vladimir Putin en Ucrania y exigieron que su gobierno tome medidas más duras contra el Kremlin.

“Nuestro mundo es diferente después de la guerra de agresión de Putin. Si bien estamos atónitos por esta violación del derecho internacional, no somos impotentes”, publicó la ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, en Twitter.

“Es por eso que ayudaremos a los soldados ucranianos que luchan por su país con armas antitanque y misiles Stinger”, añadió. 

Alemania es uno de los principales productores y exportadores de armas del mundo, con un aumento de las ventas del 21 % entre 2016 y 2020, según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo.

Sus principales clientes fueron Corea del Sur, Argelia y Egipto, detalla la agencia alemana Deutche Welle.

Ucrania también le compra armamento a Alemania.

En 2020 y hasta la primera mitad de 2021, Alemania aprobó 97 exportaciones por un total de US$5.8 millones, según informes del gobierno.

En medio de ese escenario, El presidente ruso Vladimir Putin puso en alerta las fuerzas de disuasión nuclear rusas en respuesta a lo que describió como “agresión” por parte de la OTAN.

La medida -que no significa que Rusia tenga intenciones de usar estas armas- ha sido condenada ampliamente por la comunidad internacional.

Estados Unidos la calificó de “totalmente inaceptable”, y el jefe de la OTAN la describió como “peligrosa” e “irresponsable”, es una señal tanto de la ira del presidente Putin por las sanciones de Occidente como de su persistente paranoia de que su país está bajo la amenaza de la OTAN.

Este tipo de escalada es exactamente lo que temían los encargados de diseñar los operativos militares de la OTAN y es por eso que la alianza ha anunciado repetidamente que no enviará tropas para ayudar a Ucrania a repeler a los invasores rusos. Pero la ofensiva de Rusia no está dando los resultados que esperaban de acuerdo a lo planeado. En el cuarto día de la invasión, ni una sola ciudad ucraniana importante está en manos rusas y las fuerzas de Rusia parecen estar sufriendo muchas bajas.

Esto debe estar causando cierta frustración e impaciencia en Moscú. Y es difícil pensar que las conversaciones de paz propuestas en la frontera con Bielorrusia lleguen a un acuerdo que funcione tanto para Moscú como para Kiev.

Putin quiere que Ucrania regrese completamente a su esfera de influencia, mientras el gobierno de Zelensky quiere que su país se mantenga independiente. Esto no deja mucho espacio para el compromiso.

Por lo tanto, junto con la advertencia nuclear de este domingo a Occidente para que retroceda, es probable que veamos una intensificación de la ofensiva de Rusia sobre Ucrania en los próximos días, con incluso menos consideración por las víctimas civiles de la que han mostrado hasta ahora.

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